Historia La Batalla de Rivas
LA BATALLA DE Rivas

El día 3 marzo de 1856 se reunieron en la plaza principal de San José un grupo de personas para escuchar la arenga del obispo Anselmo Llorente y Lafuente y conformar el ejercito costarricense, que luego se enfrento en la hacienda Rivas, en la provincia de Guanacaste, conocida para esa época como Moracia, a las tropas invasoras del norteamericano William Walker.

La vanguardia de este ejercito compuesta por 2500 hombres estuvo al mando del General don José Joaquín Mora y partió de San José el 4 de marzo con rumbo a la zona norte. De estos unos 1000 hombres continuaron hacia Puntarenas, mientras el resto marcho hacia el Departamento de Moracia.

El mando de este ejercito fue asumido por Juan Rafael Mora Porras presidente de Costa Rica el 8 de marzo, dejando en su lugar a don Francisco Maria Oreamuno.

De la fracción del ejercito que se dirigió a Puntarenas, un grupo a cargo del General Mora, partió de este puerto con destino al de Las piedras, conocido actualmente como Bebedero y situado en la confluencia de los ríos Las Piedras y Tenorio. Otro grupo bajo el mando del Capitán don Clodomiro Escalante se dirigió de Puntarenas al Puerto de Bolsón y desde aquí hasta Liberia.

Mientras tanto en Nicaragua el 11 de marzo, el gobierno de don Patricio Rivas declaraba la guerra a Costa Rica.

Para el día 12 de marzo, Don Juan Rafael Mora en su ruta hacia la ciudad de Liberia, acompañado por el subsecretario de guerra; don Rafael G. Escalante llega a Puntarenas con el afán de reunirse con el resto del ejercito y las tropas del General don José Maria Cañas, comandante del Departamento de Moracia y del general Mora.

Este mismo día 12 de marzo, desde el puerto de Puntarenas al mando del Capitán José Maria Gutiérrez y con destino a las Piedras salió un contingente de 300 hombres, que se agregaron al grueso del ejercito el día 16.

La noticia de la invasión del territorio nacional llega el 17 de marzo por medio del dueño de la hacienda Sapoá. Ante esta situación se dispone que el general Cañas se quede en Liberia con el grueso del ejercito, mientras que un contingente de 500 hombres al mando del coronel Lorenzo Salazar y reforzado por cien lanceros bajo las ordenes del mayor don Julián Arias y del capitán don Juan Estrada, salgan en la madrugada del 18 de marzo, con el objeto de ir a su encuentro.

El 19 de marzo las fuerzas costarricenses reciben el refuerzo del general Mora y del teniente coronel don José Maria Gutiérrez con 100 hombres y dos cañones pequeños.

La organización de las tropas de Costa Rica fue de la siguiente forma: Jefe del Estado Mayor: General José Joaquín Mora

Jefe de División : Coronel Lorenzo Salazar.

Comandante del Batallón Guardia de la Constitución : Mayor Clodomiro Escalante.

Jefe de la escuadra de Caballería: Mayor Julián Arias y Capitán Juan Estrada.

Jefe del batallón de Moracia : Comandante Mayor Domingo Murillo.

Decidios a continuar la marcha, la tropa costarricense se encuentra con la disyuntiva de escoger entre dos rutas; una que se dirigía a la hacienda el pelón y otra a la hacienda Rivas. Aquí juega un papel importante el conocimiento que sobre la zona poseía el General José Joaquín Mora, por lo que se decide seguir la que conducía a la hacienda el El Pelón por haber pertenecido dicha hacienda al suegro de este, don Agustín Gutiérrez, además de considerar que presentaba facilidades para abastecerse de agua y sobre todo por su buena posición estratégica en caso de un ataque. Lugar al que llegan en horas de la tarde, después de haber recibido en el camino la arenga patriótica del capellán Manuel Vasco.

La marcha se reanudo el día 20 de marzo durante las horas de la madrugada, pero ante el rumor de la presencia del enemigo en la proximidades de los llanos del Coyol, se decide enviar una avanzada en misión de exploración. Los datos no resultaron del todo falsos pues lograron apresar un filibustero que se había quedado rezagado. Este soldado pretendió engañar al ejercito costarricense llevándolo en sentido contrario, pero fue descubierto en su intento. Además, de que Gutiérrez descubre, sobre uno de los senderos que conducían a la hacienda Rivas, las huellas del grupo invasor, por lo que se toma la decisión de enviar en labor de reconocimiento al teniente Macedonio Esquivel, quien en efecto pudo observar la presencia de los filibusteros en la casa de la hacienda.

Calvo Mora (1909) describe de la siguiente manera este pasaje: El jefe de aquel cuerpo, general don José Joaquín Mora, dio cuenta del brillante triunfo obtenido allí, en los términos siguientes:

El jueves 20 del corriente, con noticia de haber visto a los filibusteros en el llano del coyol, me puse en marcha con la columna que saqué de Liberia.
Mucho costo conducir los dos cañoncitos de a tres, por lo quebrado e impracticable del camino.
Tomamos un filibustero que procuro engañarnos, guiándonos hacia el enemigo por un lado enteramente opuesto a aquel en que se hallaba, pero desconfiando de él, quise, antes de seguirle, registrar el llano del Coyol. Seguimos la marcha y a corto trecho descubrimos huellas de botas en un camino que conduce a la hacienda de Rivas. Mande a un ayudante adelantarse para observar las casas de dicha hacienda y retorno con la razón de estar allí el enemigo.

El ejercito de Walker

Las tropas invasoras habían sido organizadas personalmente por el general William Walker y comandadas por el coronel Louis Schlessinger, militar de carrera húngaro, que dominaba varias lenguas, entre ellas el francés, alemán, español, y el ingles, lo que le posibilito formar un ejercito de alemanes, franceses y norteamericanos constituido por alrededor de 300 hombres.

El ejercito de Walker estaba organizado de la siguiente forma:


Jefe De batallon : Coronel Luis Schlessinger.
Ayudante : Mayor J.C. O`Neal.
Compañía A : (Nueva Orleáns): Capitán D. W. Torpe.
Compañía B : (franceses): Capitán Legeay.
Compañía C : (Nueva York): Capitán Creighton.
Compañía D : (Alemanes): Capitán Prange.
Compañía F : (Rifleros californianos): Capitán Anthony Francis Rudler.
La noticia de la declaratoria de guerra por parte de Costa Rica al gobierno filibustero, se conoce en Nicaragua el 11 de marzo. Fecha para la cual Walker después de haber leído a sus tropas la declaratoria de guerra a Costa Rica les dirige el siguiente discurso, Obregón Loria ( 1991, Pág. 99 ) : Les enviamos la rama de olivo y nos devolvieron un cuchillo. Bien está. Les daremos guerra a muerte y les hundiremos el cuchillo hasta la empuñadura

Las tropas de Walker, salen de La Virgen de Nicaragua el día 13 de marzo de 1857 siguiendo la Vía del Transito, hasta San Juan del Sur en ruta a Costa Rica. El objetivo era enfrentar a las tropas costarricenses lo mas alejadamente posible de dicha vía, con la finalidad de evitar que esta fuese cerrada y de esta forma proteger los interés de la Compañía del Transito. Además como medidas adicionales reforzaron las guarniciones del Castillo Viejo y el Punto Hipp, conocido por los ticos como la Trinidad.

El día 15 arriban a la Flor, en territorio nicaragüense, un día después cruzan la frontera con Costa Rica y llegan a las Salinas de Bolaños, conocidas hoy como Puerto Soley. En este lugar, aniquilan la guarnición, constituida por siete hombres y una mujer, que realizaba las labores de la cocina. Igual suerte corrieron dos de tres hombres capturados, que habían sido enviados como emisarios a Granada por el presidente Juan Rafael Mora Porras.

Después de Salinas, las tropas de Walker se dirigieron a la hacienda del Naranjo en donde destruyeron muelles y enseres, iguales actos cometieron en las haciendas del amo y Sapoa donde son detectadas por una avanzada del ejercito costarricense para el día 18. El arribo de las tropas de walker a la hacienda Rivas se produce la tarde del 19 de marzo.

La Hacienda Rivas

Ubicada en las extensas llanuras de Guanacaste, estaba dedicada tanto a la ganadería, como a la siembra de maíz y elaboración de quesos. Pertenecía a Ramón Gomes, un cartaginés que la había comprado por la suma de 4.875 pesos a los herederos de don Agustín Gutiérrez Lizaurzabal. Según la escritura su extensión era de 19 y media caballerías y tenia casa, oficina, corrales y 551 cabezas de ganado.

La siguiente descripción, del General Don José Joaquín Mora en Batalla de Rivas ( 20 de marzo de 1856 ).( 1954, Pág. 25 ) da una idea de cómo era la hacienda por esa época.

Seguimos un callejón orillado de árboles, a cuyos lados se extendían lomas de poca altura, cubiertas de espesa breña.

Al salir del callejón, vimos tendida a nuestros pies, la plaza de la hacienda; formada por un valle hondo y limpio, circundado por colinas de poca elevación, pero escarpadas.

Los corrales de la hacienda, cercados con cercas de piedra, empiezan como a la mitad de la falda de una de las colinas situada al frente del callejón hacia su izquierda, y rodean las casas que ocupan la altura, pero que están dominadas por la cumbre de la colina a corta distancia, cubierta de breña.

Tienen las casas un gran patio, también cercado, a la derecha, y en la falda de la colina hay una quesera. A continuación de la altura, ligándola con la inmediata corre una limpia loma, al frente del camino que seguimos. La línea que debía correr mi jente, para llegar a las casas, es precisamente de una milla.

Otra descripción la encontramos en Meléndez Ch., Carlos ( 1979, pag 14 ):

El terreno de la hacienda es bastante plano, excepción hecha de unos pocos prominentes cerros en los alrededores de la casa principal. La misma casa grande que ha sido la residencia habitual de los propietarios del predio, se encuentra en las faldas sur-occidentales de uno de los cerros mas prominentes. Tiene esta hoy un patio posterior, al lado Norte, en el Nordeste del cual se halla (y ha existido desde antiguo) la cocina. Alrededor del patio están los corrales, establos, bodegas y cuartos para peones y un poco hacia el Noroeste debió haber estado la quesera.

El frente actual de la casa mira al sur. Hacia el sur y hacia el oeste, continua la pendiente y se encuentran varios corrales, siendo los del occidente los más antiguos e importantes desde el punto de vista de esta historia. Mas allá de los corrales se extiende la llanura característica de la región. En cambio del lado Oeste de la casa, y dirigiéndose hacia el Sur, parte un prolongado muro de piedra redonda de rió, que va orientándose hacia el Este, como bordeando la hondonada que se destaca de ese lado. 

Los caminos que hoy convergen hacia la casa parecen ser los mismos de hace una centuria. El mas importante es el que conduce al Sur hacia Liberia, dirigiéndose al Norte, hacia la frontera. Este pasa por una pequeña depresión entre dos cerros, el mas occidental de los cuales es el de La piñuelita, y fue importantísimo en la batalla del 56. Otro camino parte de allí hacia la costa, hacia Güajiniquil, faltando de mencionar solamente el que comunica la hacienda con El Pelón que desde antiguo ha sido llamado el camino de La chacona.

La batalla

Sobre el enfrentamiento propiamente dicho, el General Don José Joaquín Mora en Batalla de Rivas ( 20 de marzo de 1856 ).( 1954, Pág. 25 ) relata:

En vista de la posición, di mis ordenes para el ataque, concebido ya de antes sobre el exacto plano que el mayor don Clodomiro Escalante me había presentado para el caso de tener que batir allí al enemigo.

El Coronel Lorenzo Salazar, con doscientos ochenta hombres, debía atacar el frente, la izquierda y el flanco derecho de la casa; seguianle por ese lado( el mas practicable) los dos cañoncitos, dirigidos por el Capitán Mateo Marín.

El Capitán José M. Gutiérrez, con doscientos hombres, debía flanquear la izquierda por fuera de las cercas y tomar posición a la espalda de las casas, sobre la cumbre de la colina.

El escuadrón de caballería quedo formado en el callejón hasta recibir la orden de cargar al enemigo, cuando se le desalojara de sus posiciones.

La tropa de Moracia, en numero de doscientos hombres, la forme en batalla en el callejón para cubrir la retirada en caso necesario.

Listo todo, mande desembocar por el callejón a la tropa formada por columnas. Nuestros soldados al son de las cornetas que tocaban a degüello, marcharon a la carrera, acudiendo cada cual al puesto señalado.

Los filibusteros no hicieron ni un tiro; nos aguardaban de cerca, con la esperanza de que su primer descarga nos derrotaría. Tampoco los nuestros dispararon hasta hallarse a veinte varas del enemigo. Rompieron entonces un fuego sostenido, que duro como tardaron los costarricenses en llegar a las cercas. Desde este instante, solo los piratas dispararon. Los nuestros saltaban a los corrales, sin que el mortífero fuego que sufrían bastara a detenerlos.

Allí murió el valiente oficial Manuel Rojas. Una vez dentro no hubo ya esperanza para los malhechores; el sable y la bayoneta los hacían trizas y ellos, aterrados, ni atinaban ofender con sus tiros.

Así fueron rechazados hasta las casas donde se encerraron al tiempo que la gente del Capitán Gutiérrez posesionado ya de la altura, los cercaba. En estos momentos pereció el Capitán Manuel Quirós herido al saltar la cerca del patio. Sus ultimas palabras fueron dirigidas a sus compañeros de armas: Entren ustedes les dijo, y expiró. Señalóse también en el asalto del patio el ayudante del Coronel Salazar, Joaquín Ortiz, quien con su espada mato dos bandidos, teniendo la suerte de quedar ileso.

Di la orden de ataque a mi caballería, pareciéndome que no tardaría en llegar sino el tiempo necesario para desalojar de su guarida a los filibusteros. Pero viendo al llegar que no era tiempo aun, marcho a formarse a la loma del frente aguardando el momento oportuno.

Todo esto paso en cinco minutos.

Ya empezaba a obrar la artillería: el Capitán Marín disparo sus cañones contra el costado derecho y frente de la casa, abriendo brechas; pero esto solo sirvió para enfurecer mas a los forajidos, que avivaron el fuego.

Impaciente el Coronel Salazar, corrió exponiéndose a servir de blanco al enemigo, para preguntarme si, para librar de ser diezmada su gente, podría poner fuego a la casa de un propietario costarricense. Inquieto al verlo venir, temiendo que estuviese herido, me adelante a su encuentro, y le di el permiso que pidió; retorno a dar la orden a sus soldados, la recibieron dando gritos de alegría. Mas no hubo tiempo. El arrojado capitán Gutiérrez, olvidando la orden que tenia, entro a la casa, y adelantándose hacia un establo atrincherado y erizado de rifles, con pistola y sable en mano, murió desgraciada y prematuramente. La ira que su muerte causo a los soldados fue tal, que nada basto a contenerlos. La casa fue invadida pro todos lados, y los filibusteros, hallando salida por la altura que debió cubrir el malogrado Gutiérrez, huyeron en tropel, y aunque perseguidos y diezmados por todas partes, lograron muchos escaparse. Entonces mande a la tropa de Moracia se dispersase en guerrillas por la colina, a la izquierda del callejón, para aprisionar a los fugitivos que por la colina, a la izquierda del callejón, para aprisionar a los fugitivos que tomaron por allí.

Desde el principio de la acción, al ver a nuestra tropa apoderarse de los corrales, varios jefes filibusteros montaron a caballo y huyeron sin poderlos alcanzar ni dañarles.

Al dispersarse el enemigo, la caballería de Moracia anduvo tarda en perseguirle, a pesar de mis ordenes y de los esfuerzos del Coronel Salazar. Solo el capitán Estrada, seguido de sus pocos lanceros, le cargo, matándole un solo hombre, pues favorecido por la inacción de la caballería ,y lo cercano de la espesura del monte, se aprovecho de tan favorables incidentes.

Considerando las dificultades que el lugar de la acción presentaba, he hallado alguna disculpa al Comandante del escuadrón.

A los 14 minutos, contados desde la primera descarga, se hallaba mi tropa formada en el mejor orden y en tranquila posición de Rivas.

Señaláronse en este memorable día, además de los buenos oficiales que perdimos, el ya citado Joaquín Ortiz, el mayor Clodomiro Escalante, los Capitanes Carlos y Miguel Alvarado, (habiendo recibido este ultimo tres heridas de rifle que le rompieron la ropa, rozándole el cuerpo), Vicente Velarde, Mateo Marín, Santiago Millet, Joaquín Fernández, Felipe Ibarra y Jesús Alvarado, el ayudante Macedonio Esquivel y, en general, toda mi lucida oficialidad.

Hubo entre los soldados notables rasgos de valor; pero tan comunes a casi todos, que seria imposible enumerarlos.

He tomado al enemigo diez y ocho rifles, un fusil, cuatro cajas de parque(que, según declaración de los prisioneros es cuanto tenían) las pistolas, paradas, piezas de equipaje, etc., que cedí a los jefes y oficiales que las tomaron, varios caballos y mulas, todos sus papeles y un grupo daguerreotipado, con los retratos de varios jefes de la gavilla de bergantes.

Todo cuanto tenían, en fin, ha caído en poder de mi gente.

Los muertos del enemigo que pude reunir, llegaron a veintiséis y muchos deben de haber acabado en lo espeso del monte. Prisioneros hasta hoy, diez y nueve. El resto hasta cuatrocientos hombres que, según los prisioneros, entraron en acción, se entregara o morirá de sed y hambre en los montes. Los persigo por todas artes y el Mayor Domingo Murillo, apostado en Sapóa con respetable fuerza, les cortara el solo camino para ellos practicable.

No puede darse una victoria mas completa, gracias al valor de misi soldados.

Nuestras perdidas, según las listas, ascienden a cuatro oficiales y quince soldados muertos.

Batalla de Rivas ( 20 de marzo de 1856 ).San José, C. R. Comisión de Investigación Histórica de la Campaña 1856-1857. 1954.
Calvo Mora, Joaquín Bernardo. La campaña Nacional contra los filibusteros en 1856-1857: Breve reseña histórica. San José, C. R. - Tipografía Nacional, 1909.
Coto conde, José Luis. Heroísmo de Juan Santamaría: Batalla del 11 de abril de 1856. San José: Imprenta Nacional, 1985.
Crónicas y Comentarios. San José : Imprenta Universal. 1956.
Documentos relativos a la guerra contra los filibusteros (1856-1956). San José: Comisión de investigación histórica de la campaña 1856-1857., 1956.
Meléndez Ch., Carlos. Rivas. San José: Comisión Nacional de Conmemoraciones Históricas y Museo Histórico Juan Santamaría, 1979.
Obregón Loria, Rafael. Costa Rica y la guerra contra los filibusteros. Alajuela, C. R. Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, 1991.
Proclamas y mensajes. San José: Comisión de investigación histórica de la campaña de 1856-1857, 15 setiembre 1954.
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